El vocabulario, la dicción y la pronunciación de Nico son cada día más afinadas. Ya se pueden mantener pequeñas conversaciones con él. Sin embargo, he observado que hay algunos vocablos que son complicados para aquellos que no conocen su dialecto. Voy a resumir algunos:

Colate (antes era Cocota): m. Chocolate.

Patatatano: m. Hipopótamo.

Bilo: m. Libro.

Bilo Mac: m. “Donde viven los monstros”.

Mac = Max

Mújica: m. Música.

Fadao: adj. m. Enfadado.

Fil Fosi: conj. mus. Fleet Foxes

Guaieaiowa: canc. ing. Wind the bobbin up.

Aaaza: f. Calabaza

Pallano: m. Piano

Pato: m. Pato

Patoz: m. Zapatos

No tatuhtez: fr. “No tengas miedo”.

Pajo: m. Pájaro

Vión: m. Avión

Coctro: m. Helicóptero

Pipí ecima no: fr. “Ya sé que debería haberlo hecho en el retrete, pero no me ha dado tiempo a decírtelo y se me ha escapado”. 

Cuntalañoz: m. Cumpleaños

NOTA IMPORTANTE: Cecea y confunde los artículos posesivos en castellano o en inglés.

No hay nada como sentirse viejo. Carca, oxidado, cansado, en la fase 2.

Ha sido un verano de lo más convencional, lo que lo convierte en extraordinario. Nico ya ha descubierto que las olas revuelcan, que si flexionas las piernas y empujas muy fuerte te despegas del suelo, casi puedo asegurar que se ha enamorado de una chiquilla de su edad a la que no sabemos si volverá a ver, que al colegio sí que se vuelve, que una tetera junto a una cacerola, junto a un cajón y una caja hacen una batería… Y cosas un poco más profundas, al estilo Jagger, como que no puedes conseguir siempre lo que quieres, que hay niños malos o que hay un tipo de dolor que no duele.

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Sí, señor, el comeniños. Mamá le ha comprado a Nico una baraja de cartas de animales, de esas de emparejar, un poco anticuada, y nos hemos encontrado con delicias como las siguientes:

  1. El león y el cazador que le mata.
  2. El toro con banderillas y el torero que le mata.
  3. Los perros de circo y el domador que los doma.

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“We like to watch you laughing,
You pick the insects off plants
No time to think of consequences”

‘Kids’, de MGMT

Si no actualizo el blog el día de su cumpleaños este blog pierde su sentido. Este fin de semana ha sido el fin de semana del desfase y el descontrol. Como en nuestro salón no cabíamos todos de una vez, se ha celebrado el segundo aniversario de Nicolás en sábado y en domingo (el sábado con los colegas y el domingo con los abuelos y titos). Mientras escribo esto duerme abrazado a su almohada como un lechón. Ronca.
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Qué os voy a contar que no sepáis, que voy como una moto, que el otoño ha empezado sin tregua y que no me queda tiempo ni para escribir -con lo importante que es para mí escribir-. En fin, en titulares:

-Nico se adaptó perfectamente a su escuela.

-Se disfrazó de murciélago el día de Halloween.

-Ha empezado a hacer pis en una palangana (lo cual me recuerda un chiste familiar sobre un video y un bidé).

-Mickey Mouse le cae bien (se lo pienso recordar cuando cumpla 16).

-Come sin parar: Tiene un predesayuno, un desayuno, un almuerzo, una comida, pica antes de merendar, merienda, cena y después del baño se bebé un biberón de leche que, según el sistema métrico británico tradicional, se corresponde con algo más de dos pintas.

-Cuando no come, canta ‘Twinkle, twinkle, little star’ (‘Estrellita del lugar’).

En imágenes:

Toothbrush

Esto, que parece un cilicio para Teletubbies, representa en realidad un cepillo de dientes. Fue su primer trabajo de clase.

Garden

Este es un trabajo más reciente, representa un jardín. La evolución artística es clara, ¿no?

Novedades en el barrio

Casi nunca hablamos del Realejo, y mira que lo vivimos con intensidad. Para empezar, hay que dar la bienvenida y recomendar encarecidamente la nueva tienda de El Piano situada en la plaza del Realejo, justo enfrente de la sucursal de Caja Rural. Se trata de una franquicia de origen británico de comida saludable, pro ecológica, fomentando los productos autóctonos y vegetariana para llevar, algo muy curioso. Ya los conocíamos por su otra sede, en la calle Gran Capitán, pero esta nos pilla infinitamente más cerca. Somos fieles a sus albóndigas de maíz, sus champiñones y su cus cus. También compramos un preparado para cocinar brownies en casa que luego masacramos sin piedad. Si son ustedes un poco reacios al asunto natural-ecológico-integral-vegetariano (a mí a veces me cuesta), mejor pruébenlo y opinen después. Buenísimo.

Cooking

Recomendaciones musicales

Y por último, nos gustaría abrir un debate sobre gustos musicales en la infancia. Según un estudio de reciente publicación, si mal no recuerdo, la música rock altera a los niños, probablemente por las estridencias de la distorsión eléctrica, algo que se puede percibir incluso en la reacción molecular del agua a dichas vibraciones. En cualquier caso, ayuda a desarrollar su cerebro. Nosotros, que ya hacemos sin ningún complejo el idiota en el salón gorileando como primates al son de ciertos ritmos, os queremos recomendar nuestro hit más bailado, fundamental, el himno de la casa:

Despiporre garantizado. Pero nos gustaría recibir recomendaciones de otros temas de similar factura o alejados estilísticamente, eso da igual, que también inviten al desmadre infantiloide. ¿Podéis ayudarnos?

[Por cierto, el que hiciera el estudio sobre rock y niños nos parece que sería un soso a las tres].

Ay, madre mía, qué nervios. El primer día de escuela para Nico. Su ropa preparada desde el día anterior, su paquete de pañales con el nombre escrito, su baby reservado… Hoy jueves 2 de septiembre Nico deja de ser un bebé y empieza a ser un niño. Uno de tantos que empieza el cole. Ayer miércoles se lo repetí varias veces, “que mañana vas a Toy Box, que vas a ver a tu seño Loles, a cantar con tus amiguitos”, pero él me miraba como si estuviera recitándole la tabla periódica: esperaba a que terminara chupando chupete y me daba la enhorabuena.

De todas formas, lo que empezamos es el periodo de adaptacion, que como ya comentamos aquí, durará lo que Nico necesite. Esto es, iremos los dos, me separaré de él unos minutos y nos volveremos juntos. Cada día estos tiempos iran creciendo hasta que Nico vaya de 8.30 a 14.30, más o menos.

Para cuando leáis esto, ya estaremos allí, a pesar de los mocos de los últimos días -me acuerdo constantemente de aquella escena de ‘Desafío Total’; buaaaj-. Bueno, ya habíamos estado. Nos dejaron que fuéramos días sueltos durante la escuela de verano, en julio, para que fuera haciéndose con el sitio. Fue fascinante ver en primera persona como estas profesoras -¿por qué casi nunca son hombres?- se ganan la confianza de un niño. Primero le enseñan un juguete de lejos. Luego un poco más cerca, luego se lo tiran, luego se lo tiran más cerca, luego se lo ofrecen desde un metro y acaban por colocárselo encima de la cabeza, sin que Nico le quite el ojo de encima. Cuando te quieres dar cuenta están jugando y el niño ni te mira. Nos gusta mucho su seño.

En cuanto a mí, también es una experiencia nueva. Primero, porque yo de pequeño no fui a guardería, eran otros tiempos. Y segundo, porque me voy a ver rodeado de otras madres -¿por qué casi nunca van los padres?- que también estén de periodo de adaptación. Es un encuentro forzoso que promete anécdotas… Y lo que yo llamo “diálogos de parque”, que suelen construirse sobre debates reglados por dos condiciones:

  1. Todas las frases después de la primera deberán empezar por “Pues el mío/la mía es peor”.
  2. Todos los niños y niñas son tremendamente guapos y se parecen mucho al progenitor presente en ese momento. Sólo en un caso de fealdad simiesca extrema se podrán utilizar elogios esquivos como “Tiene cara de buena persona”.

Recomendación librera

Hace poco Carmen, autora del blog http://dibujosparacanciones.blogspot.com/, me recomendaba ‘La ola’ de Suzy Lee.

Aún tengo que hacerme con ese libro. Es una preciosa historia muda (sin texto) sobre la relación de una niña con el mar. Yo puedo responder con otra recomendación para todos, un libro que me regaló nuestra amiga Noelia, que además va a ser madre dentro de pocos meses. ‘Días de hijo’, de Philip Waechter -pinchad en las fotos para poder leerlas, siento la falta de luz-.

Desde que Nico nació, hace más de año y medio, ninguna novela, ni relato, ni película me habían afectado, ni siquiera los relacionados con niños. Pero con estos dibujos sí. Porque sintetizan tan bien la paternidad durante los primerísimos años que me he visto reflejado en cada viñeta y en cada frase, ese padre soy yo. Y ese bebé es mi niño.

Como hace mucho que no actualizamos y tenemos tantas cosas que contar que ya ni nos acordamos, vamos a hacer primero una sección de titulares y nos ponemos al día.

1. La mantita se perdió en Nerja en junio. Sí, es cierto, es triste. La mantita que nos ha acompañado como a Linus durante quince meses se ha desvanecido en la nada. Al subir de la playa del Papagayo la llevaba en la mano y al entrar en el portal, no. Recorrí la calle Diputación y el Balcón de Europa siete veces pero aquel andrajoso trapo descolorido y apestoso sin el cual no podíamos vivir no apareció. Tenía la forma de una girafa multicolor y le teníamos devoción -su madre y yo lloramos más que él aquel día-. Entonces le costó mucho dormir. Ya ha sido felizmente sustituida por una vaca peluda y un oso rayado, pero nunca olvidaremos la sagrada mantita original.

Vaca y oso, las mantitas de segunda generación para Nico

2. Ya no anda, corre. De hecho le encanta alcanzar velocidades de vértigo aprovechando las cuestas de su barrio y poniendo cara de JackAss. Miedo me da.

3. El agua es su medio, además de la tercera palabra que se ha aprendido. Todo es agua. La nevera es “agua”, el viento es “agua”, la piscina, el mar, hasta yo soy “agua”. No le voy a contar que el cuerpo humano es un 75% de H2O al nacer porque ya se me vuelve loco. Le encanta nadar como un perrito mientras le sujetamos y hacer cafrerías con las olas. Sin miedo alguno, aunque no puede negar la evidencia objetiva de que se hunde como una piedra. También gusta de vaciar en el suelo del salón su cantimplora, le encanta poner en remojo el pienso de Velita y hacer experimentos con el grifo del bidé. “¿Agua?” Sí, Nico, esa vieja que pasa también es agua.

4. Lo que estamos haciendo con helados de varios sabores y tamaños este verano roza la indecencia. Qué poco me dura con el morro limpio, carajo.

5. Ha descubierto el mundo de la música. Por un lado quiere poner discos, pero no sé cómo explicarle dónde va cada cosa. Mete siete cedés en el tocadiscos y cierra la tapa a ver si suena, y nada. Yo creo que ahora mismo está en una fase de DJ, mezclando, mezclando…

6. Es un niño Glück. Si en algún momento tenéis que hacer un regalo especial y diferente a alguien con un niño o una niña como Nico, en Malasaña (Madrid) existe una original tienda infantil llamada Glück, con un blog muy recomendable y mucho más actualizado que éste. También organizan conciertos infantiles con músicos indies. Cosas del siglo XXI. Nico tiene una camiseta del monstruo Augusto Huertas.

7. Ya estoy diciendo frases de padre. Y no me refiero a las típicas sentencias autoritarias masculinas que todo niño trasto oye alguna vez, sino a los sufridos lamentos de un hombre cansado con sus pilas normales intentando alcanzar a un niño con alcalina. “Ve tú, ve tú al columpio, Nico, si yo te miro desde aquí”; “¿Tienes sueño? ¿Seguro que no? Yo creo que tienes sueño”; y cosas así.

8. Ya se sabe muchas partes del cuerpo. Se señala solito la boca, los dientes, las orejas, la nariz, los ojos, el pelo, el ombligo y los pies cuando se lo piden. Y cuando termina de hacerlo pide una galleta señalándola también. Porque también sabe dónde están las galletas.

1. Apiretal vs. Dalsy

Imposible. Ha sido una semana literalmente imposible, os lo digo yo. Debí -y quise- escribir alguna entrada el pasado domingo, que fue el Día de la Madre, y algo se torció en el Cosmos. De hecho, fue un día que rizó el rizo, y aún no habíamos hecho nada más que empezar. Para resumiros, lo celebramos, le compramos un regalo y flores a mamá, pero Nico alcanzó los 39º C a media tarde. Aún le recuerdo rojo como una ascua, temblando y tumbado en nuestra cama, mientras ella le hacía mimos y yo le daba Apiretal. Y recordaré para siempre, curiosamente, que durante toda la noche tuvo los tobillos ardiendo. Por cierto, en internet encontraréis miles de foros en los que se discute sobre si es mejor este medicamento o Dalsy. Para que os hagáis una idea, si es que yo lo he entendido bien, la diferencia es la misma que entre un Termalgin y un Ibuprofeno. Y en la práctica, el efecto del primero tarda más pero dura más, y el efecto del segundo tarda menos pero dura menos. O algo así.

Un par de visitas al médico, termómetros, Apiretal, Rhinomer… Aparecen los mocos y se instalan en su pecho. Desaparece la fiebre y duerme mucho, emitiendo un sonido similar al de un jabalí roncando. Pobre. Y conserva el buen humor, con sus sapos colgando de la nariz. Ahora está mucho mejor, incluso bajamos al parque este sábado.

2. Pocoyó o Caillou

En esta vida hay que tomar decisiones, Nico. Hay que elegir, no se puede ser del Barça y del Madrid; el mejor grupo de la historia tiene que ser o los Beatles o los Rolling; zurdo o diestro. Y por esa regla de tres, hay que decantarse por uno de los dos héroes de la infancia actual: o Pocoyó o Caillou.

Pocoyó es un niño de unos tres años, vestido de azul y muy activo, que tiene tres amigos principales: un perro inteligente, un pato con gorro y un elefante rosa con tutú. Lo normal. Habla directamente con su narrador, como si fuera un personaje de Pirandello.

Caillou es un niño de unos cuatro años, perspicaz y calvo, que vive aventuras en un mundo más real. Le gusta esconderse.

Es probable que aquí se nos haya visto ya el plumero. Nosotros somos más de Pocoyó. De hecho tenemos uno de sus libros, en el que te enseña las formas y los colores, una obra bien hilada aunque con un final previsible. No queremos influiros, pero es mucho mejor un niño azul que hace lo que le da la gana en un universo blanco y paralelo, al estilo Matrix, junto con los tres animales favoritos de todo niño: el perro, el pato y el elefante. Si no estoy mal informado, el nombre de Pocoyó salió del hijo del creador del muñeco azul, que rezaba mal el ‘Jesusito de mi vida’ (“eres niño pocoyó”, decía ese niño). Nosotros no rezamos mucho, la verdad…

Caillou es un niño que descubre el mundo real con sus padres y sus abuelos, y sus amigos más cercanos son su hermana y su gato. Igual que Pocoyó, siempre lleva la misma ropa -es uno de los misterios más frecuentes de los dibujos animados- e igual que Pocoyó tiene un melón descomunal y desproporcionadamente grande.

Queremos que vosotros también votéis.

3. Pelo rapado o silvestre.

Esta es una disyuntiva que se me ocurrió el sábado, al encontrarnos con uno de los amigos de Nico, al que sus padres habían podado el flequillo como habían podido -estaba guapo, eh-. Recuerdo que antes -seguramente a mí también- se rapaba la cabeza a los bebés de meses, bajo la premisa de que el pelo “crecía así más fuerte” que si se dejaba salir de forma silvestre. Sin embargo, esa tendencia la encuentro cada vez más en desuso. Ninguno de los niños que yo conozco ha tenido que pasar por la maquinilla. Y en los blogs que he mirado, se suele afirmar que es un mito sin demostración científica.

4. Con o sin chocolate.

Qué disyuntiva más tonta. Con chocolate.

Aquí voy a detenerme. Seguramente haya nuevos capítulos sobre disyuntivas en el futuro, y contaré con vuestra ayuda en muchos casos. Hoy elegimos Apiretal, Pocoyó, sin afeitar y con chocolate.

Algunos de vosotros ya lo sabéis porque os he dado la brasa con el video que grabé como prueba. Nico ha dado ya el gran paso. Y otro, y otro después, y más pasos hasta que llegó a la cocina y se dio la vuelta y recorrió el pasillo y persiguió a Velita. Estamos andando y sin agarrarnos a nada, con 15 meses.

Para tan significativo avance yo no estaba en casa. Nico se encontraba disfrutando de una sobremesa vespertina y primaveral con su madre y con sus tíos Jesús y Laura, y decidió que ya era hora de andar. Me enteré al instante -cosas de la telefonía móvil- y aún tuve tiempo de llegar a casa y encontrarle despierto y, sí, andando, como quien no quiere la cosa. Le grabé con el móvil y lo difundí. Este es el documento.

Por un lado te emocionas y te llenas de orgullo, claro. Pero por otro te asustas, aunque solo sea un poco… Hay que hacerse a la idea de que, de repente, un ser al que estás acostumbrado a ver como cuadrúpedo se convierte en bípedo delante tuyo (os remito al gato de la entrada anterior). Además, en principio no sabe parar y mientras anda a un ritmo constante va haciendo aspavientos para mantener el equilibrio como si fuera un astronauta fuera de la nave.

15 meses es una buena edad para andar. Sus amiguitos (que no dejan de ser los hijos de nuestros amiguitos en realidad) lo han conseguido a edades similares. Según aseguran los expertos, es conveniente que el niño empiece a experimentar con su verticalidad por sí mismo; se le puede ayudar, pero no se le debe empujar a ello. Al nacer, los bebés llevan en sí mismos el instinto de andar, y si a un recién nacido lo sujetas por los hombros empezará a mover los pies como si quisiera salir corriendo. Más tarde olvidan ese impulso y sólo lo recuperan con tesón y esfuerzo a partir de los 10 meses, más o menos.

Adiós a los pantalones con barro del parque incrustado en las rodillas. Adiós a caminar como una alcayata para sujetarle con un dedito mientras avanza. Hola a las carreras por los pasillos (“¡Que se va para el enchufeeeeeeee!”), a los zapatos gastados, a los chichones de más envergadura (bendito Arnidol, no sabéis lo bien que funciona) y a bailar en el salón como si fuéramos payasos.

http://www.wikio.es

La astilla y el palo

Somos padre e hijo. Yo tengo treinta y dos años y él treinta menos, lo cual nos da una perspectiva distinta de las cosas. Vivimos en el Realejo, en Granada, y aquí decimos lo que queremos decir. Faltaría más.

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Luis Arronte & son

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